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Viajero incansable y multifacético, Diego, se desarrolló profesionalmente como ingeniero industrial. Entre análisis matemático y física, su pasión por la gastronomía siempre estuvo presente.

Desde chico, descubrió gracias a su madre, experta en recetas de Medio Oriente, algo que lo fascinaba, el interés en los sabores y texturas en las comidas.

Creció con esa pasión latente por la cocina. Fue aprendiendo, leyendo y viajando a diversos destinos del mundo para conectarse con lo cultural de cada lugar.

Probando platos característicos, recorriendo mercados, conociendo la materia prima que cada país brinda para seguir cultivando su paladar, y sumando experiencia, para luego brindar a sus amigos ricas y creativas comidas, con esa visión que lo acompaño toda su vida: involucrarse en el mundo gastronómico.

“Disfruto de la buena cocina, de compartir una comida con amigos. Hace muchos años que elijo viajar pensando en la gastronomía, estar involucrado a este mundo es mi deseo de toda la vida” dice Diego.

En paralelo a su profesión junto a Santiago Valenti, socio y amigo, despliega su lado epicúreo.

Diego encontró su lugar, donde puede soltar las riendas a su creatividad, volcar sus conocimientos y concretar el sueño que siempre anheló, estar ligado a la gastronomía, una filosofía de vida que llegó para quedarse.

Santiago Valenti es la tercera generaciónde maestros afinadores de quesos.

De raíces italianas y apasionado por la cultura gastronómica, heredó el oficio de su padre Remo y de su abuelo Don Remo, quien fue pionero y referente de los quesos de calidad en Argentina con más de 60 años de trayectoria en el país.

“A los 16 años, al salir del colegio, iba a trabajar al mercado de Juramento y Ciudad de la Paz, como una aventura. Aprendí a cortar quesos, a diferenciarlos, aun recuerdo los aromas , los colores y sabores que llevo en mi ADN” , cuenta Santiago quién aprendió el oficio que con el paso de los años se convertiría en su gran pasión.

Si bien comenzó sus estudios universitarios en la carrera de licenciatura en comercialización, la vocación por la gastronomía fue su gran inspiración para continuar con el legado familiar.

Con 22 años de experiencia en el rubro, y un gran talento en sus manos, Santiago, es un buen hacedor, detallista y dedicado incansable a la hora de plasmar su arte en una bandeja de quesos o enaltecer las características de cada producto gracias a la maduración adecuada que solo sus manos con “alma” saben lograr.

“El viajar por Europa, para seguir capacitándome y seguir aprendiendo, sobre el oficio de afinador me nutrió y fue una gran motivación para reafirmar que iba por el camino correcto, para poder transmitir todos mis conocimientos y mi amor por la industria de los quesos, productos tan ligados a mis raíces, a mi familia“ , cuenta Santi muy entusiasmado con su nuevo emprendimiento junto a su socio y amigo Diego Eddi.